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La mayor industria del béisbol sigue empantanada

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Si la temporada no inicia se tambaleará un negocio de 10 mil millones de dólares. Si al menos celebra la mitad del calendario, la debacle financiera llegará a casi la mitad de esa cifra.


En este artículo | MLB |


LA TEMPORADA 2020 de las Grandes Ligas del Béisbol tiene fecha de inicio. Será el 4 de julio. Sin embargo, eso no significa (todavía) que vaya a arrancar…

¿La razón? No hay acuerdo aún entre la MLB y el Sindicato de Jugadores en torno al tema esencial de esta industria del entretenimiento: los salarios.

Si la temporada no inicia se tambaleará un negocio de 10 mil millones de dólares. Si al menos celebra la mitad del calendario, en las actuales circunstancias, la debacle financiera llegaría a los 4 mil millones, un golpe también fuerte que tendrá repercusiones en los años por venir.

Los cálculos más recientes confirman la inevitabilidad de las pérdidas, aunque no igual para todas las partes, y también la necesidad de acumular algunas deudas. Los atletas, dice un reciente informe, se llevarían el 89% de los ingresos logrados.

El 26 de marzo pasado, la MLB y el Sindicato lograron un acuerdo en que los beisbolistas obtendrían una parte prorrateada de sus salarios durante una temporada más corta. La medida satisfizo a la mayoría, pues en definitiva se jugaría a lo sumo la mitad del programa. Ahora se habla, exactamente, de 82 partidos más la postemporada.

En mayo, agobiados por las ya irreversibles pérdidas en temas de televisión, patrocinio, publicidad, entradas y otros derechos, los propietarios votaron por la fórmula 50-50%, derivada de las ganancias netas del certamen. Y ahí, como se dice en buen cubano, se trabó el paraguas…    

Varias estrellas, entre las cuales figuran Bryce Harper y Blake Snell, tomaron la tribuna pública y denunciaron algunos puntos, en esencia que los contratos no se negocian en colectivo, sino individualmente, y que no vale la pena arriesgar la salud por tan “poca plata”, comprendiendo además que los impuestos nadie los suspenderá.

Otras figuras, como Nolan Arenado, se mostró de acuerdo con tales preocupaciones, pero también comprendió que son hombres millonarios, no pasan por las penurias de quienes buscan el pan de cada día, ni se exponen a la COVID-19 sin una garantía de salud.

Uno de los puntos más altos de la polémica tuvo como protagonista a un comentarista de ESPN, Stephen Smith, quién en su programa First Take explotó contra Snell y Harper…

«De lo que estamos hablando es qué tan inteligente fue para ellos decir eso en tiempos como estos. Recuerden, los dueños quieren hacerlos regresar y negociar. Recuerden que hay un contrato conjunto que negociar en este 2020. ¿Qué están haciendo? ¡Te callas por un demonio y dejas al Sindicato trabajar! ¡Con un demonio cierras la boca! Estás en un contrato de 50 millones de dólares… ¿Cómo puedes decir eso cuándo hay más de 30 millones de estadounidenses sin trabajo en estos momentos?, dijo airado el periodista.

Otra frase lapidaria, pero en sentido contrario, fue pronunciada por el estelar lanzador japonés Yu Darvish: «Pienso que esto es el equivalente a tratar a los jugadores de la MLB como perros de pelea. Aquellos que no están en riesgo y que quieren ganar dinero están creando un gran alboroto desde fuera», escribió en su cuenta en Twitter.

«En realidad, son los jugadores y los empleados de los equipos los que, al salir a competir, se ponen a sí mismos y a sus familias en riesgo. Los vestuarios y los aviones están llenos de gente», explicó el veloz abridor.

Estados Unidos enfrenta todavía severos retos en la contención de la pandemia de la COVID-19. Dicho mejor: es el epicentro. Cada día enferman y mueren miles de personas. Sin embargo, el gobierno de Donald Trump decidió abrir la economía para evitar un colapso social mayor, tema sin duda controversial.

En esa estrategia están incluidos los deportes profesionales básicos, pues movilizan empleos y una gran industria de productos y servicios.

La MLB propuso un protocolo de seguridad contra la COVID-19 que en algunos puntos viene a ser una especie de “Titanic”. Lo básico: la necesidad de jugar a puertas cerradas en principio, lo cual afectará los ingresos en varias direcciones.

Luego está la idea de realizar hasta 10 mil test a la semana, sacar a los jugadores no regulares de la banca y distanciarlos a seis pies en la grada; impedirles escupir en la grama de los estadios, chocar de manos, bañarse tras los partidos y tomar taxis compartidos.

Hay más en el borrador entregado al Sindicato hace varios días, y destaca sobre todo el principio de que ante casos positivos el evento no se detendrá, sino que saldrán los enfermos y se estudiará a los contactos probados y posibles.

Por supuesto, una escalada de la enfermedad que conlleve otra vez al cierre de la nación lanzaría por tierra todos estos esfuerzos, y sobre todo los movedizos cálculos financieros hasta ahora realizados. La escena, por tanto, no puede ser más agónica.

En las próximas horas habrá, de seguro, una decisión final. Quizás falte el consenso total y algunas jóvenes estrellas, seguras de su talento y confiadas en fabulosas cuentas bancarias, queden en casa.

No faltará “razón” en ninguna de las partes. La MLB y los dueños de equipos tratarán de proteger la industria. Los atletas intentarán conservar sus salarios, la salud y el futuro. En definitiva, esa es la esencia del asunto, las reglas del juego, el crucigrama enseñado y aprendido durante más de un siglo.

Nadie renunciará a lo suyo del todo. Nadie cambiará las reglas de un día para otro, ni siquiera ante el nuevo coronavirus o la piedad por los desempleados y las familias que ya perdieron uno o varios de sus integrantes.